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Cuando comenzó el equinoccio aquellas almas se liberaron a través del viento. Eran pétalos de cerezo volando en conjunción con el aire encima de aquellos cabellos risados.

Algunos descansaron en la primera capa de aquel estanque que en sus orillas poseía una gran cantidad de flores de loto de un color rosa con tintes morado.

Una guitarra suena a lo lejos entonando dulces melodías que talvez repitan está escena en doscientos cuarenta y tres años.

Aquel angel con alas negras susurro mientras descansaba en la mecedora que tal vez hemos encontrado el verdadero hogar en aquellas personas que realmente nos hacen reír sanamente.

Orfeo va de vuelta a casa... Eurídice seguirá viviendo petrificada rodeada de flores eternas.


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